COROLARIO por el Dr. Raúl Contreras Bustamante*

Muchos son los problemas que tienen a nuestra sociedad preocupada y molesta. Creo que los más trascendentes son: corrupción, violencia, impunidad, pobreza y desigualdad social.

Este conjunto de padecimientos sociales se aglutina y origina una parálisis económica, que a su vez es un elemento que agrava los mismos males y los convierte en fenómenos que alteran la paz y la estabilidad social, amén del estancamiento en nuestro desarrollo. Un ciclo perverso del cual tenemos mucho tiempo sin salir.

Hace unos días, el Instituto Mexicano de la Competitividad dio a conocer el Índice de Competitividad Internacional 2017. Dicho estudio revela que México ocupa el lugar número 36 de 43 países con las economías más importantes del mundo. Si bien se avanzó una posición respecto del año pasado, lo cierto es que nos encontramos dentro de los últimos diez lugares del ranking.

La pregunta es: ¿Qué debemos hacer para salir del letargo económico que desde hace años nos ha impedido crecer a la velocidad requerida?

El año pasado, en una visita al secretario general de la OCDE, José Ángel Gurría, en París, me dijo algo que me impactó: “El principal problema que impide el crecimiento de México es la falta de seguridad y certeza jurídica, ya que inhiben la inversión extranjera y nacional. De la actuación de los abogados dependerá el desarrollo nacional”.

De manera adicional, en una reciente entrevista periodística, el doctor Agustín Carstens, quien hace poco dejó el cargo de gobernador del Banco de México, declaró: “El gran reto de México es lograr que se cumplan las leyes”.

Es decir, ambas opiniones de destacados economistas coinciden en que necesitamos trabajar para generar conciencia social para fortalecer la seguridad jurídica y rechazar la corrupción.

La Teoría de la Constitución define al concepto de “Estado de derecho” como aquél en que se someten por igual gobernados y gobernantes al imperio de la ley. Sin embargo, es indispensable que los detentadores del poder sean los primeros en hacerlo y prediquen con el ejemplo, para poder luego exigir —con autoridad moral— que los ciudadanos hagan lo propio.

Estamos inmersos en una etapa en la que existen acuerdos políticos y consensos partidistas que se concretan en nuevas reformas constitucionales y legales importantes. Sin embargo, se incumplen las reglas secundarias para echarlas a andar y tampoco se dotan de los recursos a las políticas públicas para hacerlas realidad. De nada sirve tener la norma en papel si nadie la cumplirá o lo hará a su conveniencia, sobre todo de parte de los gobernantes, quienes propician su inobservancia.

La contienda electoral ha dado inicio. Será un momento propicio para demandar a los candidatos que propongan —de manera clara— cuál es su visión y compromiso, respecto de someter al imperio de la ley sus actos propios y los de su gobierno.

Lo anterior es importante porque el gran reto que México deberá enfrentar para poder impulsar su futuro crecimiento económico y salir de este rezago histórico, es precisamente el de crear una Cultura de la Legalidad, fortalecer el Estado de derecho, así como combatir la corrupción y la impunidad.

Sólo de esa manera le podremos dar al país la oportunidad de vivir en paz y desarrollo.

Como Corolario las palabras de sir Winston Churchill: “Mejorar es cambiar; así que para ser perfecto hay que haber cambiado a menudo.”

Por vacaciones, Corolario volverá a publicarse el 6 de enero de 2018.

*El autor es Director de la Facultad de Derecho de la UNAM. 

Publicado el 16 de Diciembre de 2017 en el Periódico Excelsior.