“Día del Abogado”

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Por Fernando Alpuche.

Llegué a esta noble profesión casi por accidente pero, con el paso de los años, le fui tomando gusto.

Descubrí que la ley no es más que lógica pura y que la lógica universal es imbatible. Que la más arbitraria de las acciones puede desarmarse mediante la fuerza de la razón y que el debate es la única manera válida de solucionar los desacuerdos.

Los abogados creamos paz, porque conocemos, aplicamos e interpretamos la ley; y la ley y su interpretación científica son los instrumentos de la sociedad para autoorganizarse y autoperpetrarse y el mejor medio para llegar a la armonía social.

No creo en las utopías, sino en el Estado de Derecho perfectible, que cada vez más va haciéndose menos Leviatán y más sociedad civil participativa a través de instituciones demócratas en las que todos tienen voz y todos tienen voto.

Pero reconozco que nuestro sistema jurídico está en pañales aún. La inmediación, la transparencia y el respeto irrestricto a los derechos humanos por parte de las autoridades son temas de los que apenas se comienza a hablar y sobre los que tímidamente se legisla y se resuelve en las sentencias de los jueces.

Es natural; 500 años de dictaduras duras y blandas, despóticas y paternalistas, perfectas e imperfectas nos han hecho una nación en la que por naturaleza se desconfía de las autoridades y con razón. Sigue habiendo policías torturadores; ministerios públicos cómplices; jueces corruptos e incapaces, magistrados influidos por el compadrazgo y ministros que son candil de la calle y oscuridad de su casa y su familia.

Pero los tiempos han cambiado. Las redes sociales y los medios electrónicos nos permiten exhibir cada vez más los abusos y desenmascarar la maledicencia. Cada vez más se crea consciencia en las autoridades de que la sociedad ya no aguanta más.

La sociedad clama por justicia y a veces opta por la venganza pública y por crear estructuras paralelas de vigilancia y represión, surgidas de la desesperanza y en la incredulidad en la actuación de quienes deberían cuidarla y protegerla de la delincuencia.

Nos ha tocado un tiempo de transición de un sistema arcaico y violador un día sí y otro también de derechos fundamentales a uno que aspira a ser la fuente de una justicia restaurativa. Me siento privilegiado de vivir en este tiempo. Hago lo mejor que puedo para estar a la altura de mis defendidos, clientes y representados, a quienes debo todo lo que soy y lo que tengo.

Y me siento privilegiado de llamarles a ustedes colegas.

Felicidades.

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