Jorge Islas*

Llegó el día en que los electores de casi la mitad del territorio nacional expresarán a lo largo del día sus preferencias electorales para elegir a nuevos gobernantes en diferentes niveles y órdenes de gobierno. Se espera que a pesar de haber tenido campañas muy polarizadas y de desprestigio, la renovación del poder será pacífica y civilizada. No en vano se han invertido cantidades muy considerables de dinero para crear leyes e instituciones que están llamadas a ofrecer certeza e imparcialidad, para garantizar que las elecciones sean legítimas y legales.

En los casos en los que el resultado sea muy cerrado, es previsible que la voluntad del elector, sea suplida por la voluntad del juzgador. Nuestra democracia electoral estará a prueba, una vez más.

Hoy se elegirán 12 gubernaturas, 965 ayuntamientos, 388 diputados locales y la mayoría de la Asamblea Constituyente para la Ciudad de México, conformada por 100 asambleístas, de los cuales 60 representantes serán electos por voto indirecto, por la vía de la representación proporcional.

Formalmente, es el momento que prevé la Constitución para que el ciudadano en el ejercicio pleno de sus derechos, decida en libertad a qué persona elige para renovar el poder público en los ámbitos de autoridad que correspondan. Libertad de sufragar para elegir a la opción menos mala, para prevenir a futuro el menor daño posible.

El sufragio libre de cualquier forma de coacción o cooptación, también es libre porque no está manipulado ni condicionado por nadie ni por nada para permitir expresar la voluntad de la mayoría sin restricción de ningún tipo.

El derecho al voto también presupone el deber del ciudadano a estar informado sobre las propuestas de gobierno presentadas entre los candidatos, para que por medio de la razón y no de la pasión o el corporativismo, decida quién debe de asumir determinada responsabilidad pública.

Para ello es necesario contar con medios libres e independientes que nos ayuden a identificar las biografías reales de cada candidato, así como las alternativas de solución que plantean en sus propuestas de campaña. Es claro que, sin medios libres, no hay democracia libre posible, dado que es el componente principal con el cual el ciudadano no especializado en la política se informa o al menos se da una idea de lo que tiene que decidir. Por ello, un voto informado hace gran diferencia.

Claro está que ahora hay otros medios disponibles, como son las redes sociales, que ofrecen otras alternativas de información. El riesgo es que al no tener regulación nos encontramos con muchos datos que en muchas ocasiones desinforman o en el mejor de los casos subinforma. Como sea, el ciudadano del año 2016 tiene diversas fuentes de información para tomar mejores decisiones.

Lamentablemente, en esta ocasión la información que fluyó fue más bien propaganda negra que difundieron los propios candidatos, con el único ánimo de lastimar credibilidad y honorabilidad de vidas personales de los oponentes. Cierto, esto es parte de la política del descrédito, de la lucha del poder por el poder, pero no es la forma con la que se construye una mejor sociedad, como producto de planes y acciones de gobierno bien pensadas para favorecer el interés público.

Materialmente, el derecho al voto es la oportunidad que tiene el ciudadano para refrendar un mandato de buen gobierno o bien, para castigar el mal desempeño de los gobernantes que próximamente dejarán sus oficinas, para dar paso a un nuevo mandato popular.

El voto en México se ha convertido gradualmente en un instrumento de control social, para premiar o para sancionar a la política, independientemente del alto valor que tiene un gobierno que es elegido con una mayoría calificada. La legitimidad importa, pero también sus efectos de control y disciplina.

En esta elección, con nuestro voto podemos demostrar que somos los ciudadanos y no necesariamente los partidos, los que hacemos valer el principio de la democracia, en donde el poder es del pueblo, para el pueblo y por el pueblo.

*El autor es Licenciado en Derecho por la UNAM, con Maestría en Leyes por la Universidad de Columbia, Nueva York, EUA.
Fue Abogado General de la UNAM (2004-2008). Es analista y editorialista de El Universal, Noticieros Televisa y el Instituto Mexicano de la Radio.Traductor y editor al español del Dr. Giovanni Sartori.
Actualmente es Profesor titular por oposición de Derecho Constitucional de la UNAM.