Richard Rorty fue unos de los grandes pensadores norteamericanos del siglo XX. Es el principal exponente del neopragmatismo, que básicamente pretendía resolver las cuestiones esenciales de la vida de forma concreta y sin tener que teorizar usando conceptos poco o nada comprobables. Fue irónico y solitario, desde pequeño, reservado y hasta padeció acoso escolar. El poder lo encontró en el intelecto. Polémico y malquerido tanto por hombres de izquierda como de derecha,  con el tiempo se inmiscuyó en política y la estudió desde diferentes ámbitos: la ironía, el relativismo, y particularmente la moral. Por la década de los noventa hizo una defensa de la universidad, vista desde una óptica de izquierda, con la cual pretendía alertar sobre  los riesgos de que los “ricos” la desvalijaran, la saquearan, dejando en la orfandad a los que menos tienen, que son los que más la necesitan, como siempre. La defensa que hace Rorty sobre el propósito moral de la universidad viene de la observación de una crisis profunda que ha incluso puesto en riesgo su razón de ser y su funcionalidad. El planteamiento esencial de Rorty define a la universidad como la conciencia moral de una sociedad. Si una universidad es incapaz de formar estudiantes interesados en buscar la justicia social, o si estos están fundamentalmente interesados en su beneficio personal y jamás en el sufrimiento de la sociedad, entonces esa universidad no cumple con el objetivo de su misión. La universidad debe ser, para Rorty, un espacio donde la moral se abra a todas direcciones y donde la conciencia no tenga otro fin que aprovechar el conocimiento que se aprende en las aulas para entonces aplicarlo a la realidad. El debate de la educación ya no es sólo, según Rorty, sobre qué aprendemos y cómo, sino de qué forma usamos este conocimiento. Es en la aplicabilidad del mismo que han fracasado la mayoría de las instituciones educativas. Si la universidad no apoya la política progresista (y es reaccionaria y conservadora), si está presta en apoyar las estructuras de poder convencionales, si es punitiva con aquellos que van más allá de lo convencional y transgreden el status quo, entonces, según Rorty y otros filósofos afines, la universidad ha perdido su esencia. Siguiendo a Rorty, bien cabría decir, pues, que en el momento en que la universidad deja de ser la conciencia de la sociedad, la sociedad deja de existir como esa entidad de hombres y mujeres que han decidido pactar su convivencia en aras de una vida mejor.

Rogelio Guedea*

*El autor es  Abogado por formación académica ; además de Doctor en Letras por la Universidad de Córdoba (España), con un POST-DOC en Literatura Latinoamericana por la Texas A&M University (USA). Fue becario del Fondo para la Cultura y las Artes en tres ocasiones y director de la colección de poesía “El pez de fuego”. Actualmente es columnista de los medios mexicanos Sinembargo y La Jornada Semanal.