INTRODUCCIÓN

Este ensayo contendrá algunas reflexiones al estar muy cerca de cumplirse cien años de la promulgación de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Debemos reconocer que en su tiempo se trató de una Constitución de avanzada, que marcó un hito en el constitucionalismo mundial. Esto es así en virtud de que con la Constitución mexicana de 1917, de la cual hablaremos a profundidad en el presente trabajo, se creó el llamado constitucionalismo social; es decir, por primera vez en la historia se incluían a nivel constitucional las llamadas garantías individuales, que a la postre se convertirían en los tan comentados derechos humanos. El mundo comenzó a replicar la idea mexicana a partir de 1919, cuando la Constitución alemana de la República de Weimar adoptó los criterios introducidos por el constituyente de Querétaro.

Cien años es un tiempo muy largo, sin duda; sin embargo, los pilares mínimos que fundamentan en lo general la vida de México siguen incólumes. Cierto es también que se han hecho cientos de reformas a esta Constitución, las cuales han seguido la lógica que ha dictado el devenir histórico de nuestro país. A un siglo de su promulgación, la Constitución sigue tan fresca como lo fuera en aquel lejano 1917, cuando se perfilaba el final de una cruenta guerra civil que costó miles de vidas de ilustres mexicanos; pero sin la que no habría sido posible acabar de tajo con el deseo dictatorial que se cernió sobre varios de nuestros gobernantes; como la tríada de sonorenses que se decían herederos de la Revolución: Plutarco Elías Calles, Álvaro Obregón Salido y Adolfo de la Huerta, quienes ya habían tramado un plan para mantenerse en el poder hasta 1936 a través de la reelección, una vez que hubiera pasado por lo menos un período presidencial después de su mandato. El asesinato de Obregón Salido el 17 de julio de 1928, de autoría intelectual de la Iglesia Católica, sirvió como acicate final para estas absurdas ideas, pese al motivo religioso que sin duda subyacía en dicho magnicidio.

Como vemos, muchas de las reformas constitucionales se han realizado por motivos políticos y por cambios en el devenir histórico de México. Pero mientras no haya cambios de fondo que realmente afecten a la estructura del país, no debemos dejar morir a nuestra insigne Constitución; debemos protegerla para que cuando sea menester cambiarla, su legado en la historia mundial sea tan grande como lo merece la primera Constitución de avanzada del mundo moderno.

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Ensayo premiado dentro del CONCURSO NACIONAL DE ENSAYO JURÍDICO “100 AÑOS DE LA CONSTITUCIÓN DE 1917”

Por Alejandro Robert